La fiesta taurina: final cercano

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Cada año, coincidiendo con las fiestas de Quito, los anti taurinos también tienen su festejo, y hablando como ezpañolez, pronunciando frecuentemente ¡jodé!, salen a las calles, desfilan, arman manifestaciones, rasgan vestiduras y se llenan de humanidad: detestan la bárbara y sangrienta fiesta taurina y a quienes tenemos afición por ella. Sueñan con el día en que finalmente tan bárbara práctica sea erradicada. Les importa más su lucha contra la fiesta taurina que el hambre de nuestros niños, la ignorancia, la violencia doméstica, la discriminación contra la mujer, el alcoholismo, la corrupción y demás lacras sociales.

Lamentablemente, la fiesta taurina está condenada a su extinción, no por obra de los anti taurinos, sino y para desgracia de la fiesta por obra de los propios taurinos: toreros, apoderados, promotores, ganaderos y otros de similar estirpe y ocupación, que son los responsables de la degradación de la fiesta taurina.

Entradas que cada año son más costosas; llegar a la plaza de toros caminando largos trechos en medio de malandros, choros, vendedores ambulantes. La entrada a la plaza es otro espectáculo aparte: sortear toda clase de obstáculos, cables que sostienen carpas bajo las que se promocionan productos de toda clase, música estridente que hiere y estremece hasta las mismas entrañas, más vendedores. En medio de esto, al menos uno se distrae mirando preciosas modelos medio desnudas, que promocionan cualquier cosa, no sin antes aguantarse los codazos, y en el peor de los casos los sermones moralistas de alguna dama que acompaña.

Ya adentro, la historia sigue. Cada vez los espacios se reducen. La plaza en la que originalmente entraban unas 12.000 personas, hoy alberga cómodamente a 20.000. Mas estridencias, más vendedores, imbecilidades de sabios de última hora, más chicas preciosas medio vestidas y preocupadas más de pitones que de toros, y muchachos desgarbados más preocupados de la perra que se van a meter.

Los verdaderos aficionados sufren lo indecible. Lo peor está por venir. Toros que salen al ruedo despuntados y afeitados, garroteados, hambrientos, medio deshidratados. Así cualquier torerito mediocre se luce no sin antes haber cobrado algunos de miles de dólares. Antes al menos la pelea era pareja. Y cuando el gran matador no se luce, el toro, la ganadería o el ganadero están jodidos.

La fiesta taurina está condenada, y lo peor de todo esto es que al final los anti taurinos reclamarán el éxito. Festejarán su triunfo en algún restaurante de moda, tomando buen vino español, saboreando una buena pieza de jamón serrano o un buen filete de lomo fino al jerez. Y los verdaderos verdugos de la fiesta taurina, los taurinos llorarán sobre pasadas glorias. Veremos los toros en fotos y en videos de YouTube.

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