Incoherencias de adultos

La política me apesta. Lejos de resolver los problemas que nos aquejan cotidianamente, como personas y como sociedades, promueven la confrontación, la ira, el rencor, la envidia y otra serie de sentimientos que permanentemente nos dividen y enemistan. Esta reflexión nada tiene que ver con la política. Sin embargo, la coyuntura actual de nuestro país, me ha forzado a ver, oír y leer sobre el tema de las libertades del individuo y del papel del estado frente a la posibilidad de regularlas. Y me he reído frecuentemente.

Entrevistas y comentarios de personas con conocimientos, con experiencias y posiblemente con algún grado de inteligencia, abogan y rasgan vestiduras por los riesgos –reales y ficticios- de que el estado limite esas libertades, asumiendo el rol de supremo moralista, árbitro del bien y del mal frente a los desafueros individuales.

Me gustaría conocer cuántos de esos ardorosos defensores de las libertades individuales hacen honor a su bla bla público y proceden en sus ámbitos privados consistentemente con su discurso público, respetando y reconociendo también las libertades de las personas que les rodean.

¿Cuántos no imponen a sus empleados y subalternos hábitos,  formas de proceder y de pensar, y aún una manera de vestirse, sin respeto por su individualidad?
¿En cuántas empresas los empleados no están sujetos a vigilancia, sus cuentas de  correo electrónico no son revisadas permanentemente y sus cuentas de telefonía celular no son investigadas?
¿Cuántos no callan sus verdades por temor, por vanidad, por seguir presumiendo de perfección?
¿Cuantos no imponen a sus hijos una manera de pensar, una profesión, unas amistades, novias, novios, etc.?
¿Cuántos son capaces de respetar la esfera individual y los espacios personales de sus parejas?
¿Cuántos padres y madres no andan desesperados por controlar el acceso de sus hijos a Internet y por controlar el uso de las computadoras?
¿Cuántos gerentes y jefes de familia no imponen el silencio sobre las perrerías empresariales y familiares?
¿Cuántos son realmente capaces de reconocer el valor de los individuos que les rodean y su capacidad de actuar con libertad y responsabilidad?

Las preguntas son interminables. La respuesta, lastimosamente, la misma: casi nadie. Pero todos a su hora y cuando pueden, defienden las libertades y  denostan de la posibilidad de que poder alguno pueda reglamentar o limitar las libertades individuales.

Si somos controladores e irrespetuosos en el ámbito privado, será del mismo modo en lo público. El Estado no es un ser con voluntad ni con inteligencia propias. Es el reflejo de los méritos y falencias del individuo.

Regresemos a nuestro ámbito privado a sermonear y practicar libertad. Luego de eso es posible que el Estado también se vuelva respetuoso y menos controlador.

3 Responses to Incoherencias de adultos

  1. […] Incoherencias de adultos […]

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  2. Fernando Tobar P. dice:

    ….por fin he caído en tu blog, por qué? Quizá por el azar del destino; me invitaste a pasar por acá hace ya algún tiempo. Realmente te stuve buscando en el tuiter; te encontré y te seguí. Al mirar con atención vi un “.com”, al entrar llegue así sin más.
    He leído al azar un poco allí, un poco allá y otro tanto acullá. Al ver a tu padre -mi abuelo-, y su fugaz paso por el blog; me ha dado nostalgia seguida de muchos agradables e intensos recuerdos. Me he perdido entre tantas patricias!, al leer sobre el Teo recorde muchas cosas. Al “pinchar” algo sobre el Jack me perdí en la universalidad de género usando “@” (me pregunto que pensaría mi abuelo de esa reflexión).
    Un poco baje y un poco subí y me di cuenta que el escarabajo ha sido más q un bicho; llegando a ser un “amor enfermizo” según sea el caso clínico. Creí q era sólo un carro emblemático y particularmente feo de uso utilitario y quizás didáctico.
    Ahora, en el caso particular de este incoherente pensamiento de adulto, lo leí con una gran cuota de curiosidad, para olvidar la víspera de un viaje y mis respectivas tareas pendientes. Mucho vino a mi al leer las preguntas planteadas, no por mis respuestas; pero si por algúna conjetura q no logro comprender.
    …En fin…
    En tu blog, me sentí -me sente- en un “restorante a la carta” con “platos” rebuscadamente finos de gran carácter y sofisticación, de “sabor exótico” por asi decirlo. También se notan “sabores sencillos” de simpleza invasiva y de corta duración.

    Ha sido una experiencia interesante leer, leerte en tu faceta de bloguer. Asi también interesante leer algunas respuestas a tus “pensamientos articulados” Divertida experiencia!
    Te mando un abrazo
    Pd:
    Seguro sabes quién soy! Sin leer mi nombre.

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    • Fer Tobar C. dice:

      Grande mi alegría y sorpresa al leer tus comentarios. Te agradezco la generosidad con la que te expresas. Me encantó y me halagó mucho esa referencia al “restorante a la carta” porque describe de alguna manera la esencia y el objetivo de “mi ventana al mundo” .

      Espero que sigas leyendo y comentando; lamentablemente es un largo período de sequía y no he escrito nada nuevo. Ya vendrán tiempos de abundancia. Mis musas siguen de vacaciones.

      Un abrazo querido Hijo. TQM.

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