Los errores

El solo hecho de existir confronta a diario a las personas con la posibilidad de cometer errores. La infancia y un poco la muy temprana juventud eximen de cometerlos; debe ser por eso que esas épocas de la vida suelen ser las más felices.

Errar es humano y nadie se libra a lo largo de la vida. Solo los arrogantes y prepotentes no los cometen; son los demás. Se dice que los errores no son tales y solo fueron decisiones que en un momento determinado parecían las adecuadas, de acuerdo a una circunstancia.

Los errores producen consecuencias, a veces muy dolorosas. No importa si fueron decisiones que parecían acertadas o acciones fruto de esa impulsividad, que no deja de ser tan humana como la sensatez.

Son lo mejores maestros cuando se aceptan con humildad aunque sus consecuencias ahogan el alma y perturban la realidad. El error que no se acepta condena a su repetición. Maestros que enseñan con el sufrimiento. Una de las más grandes paradojas de cometer errores es que el dolor causa sufrimiento a las personas más cercanas y más amadas.

Parte de aceptar los propios errores es aceptar las reacciones adversas de las personas afectadas. El error enseña cuando confronta con las propias miserias y con la dolorosa necesidad de aceptarlas. El propio dolor enceguece e impide ver la cara oculta del error, la que pocas veces se la ve y que no se la aprecia. Permite ver las noblezas y miserias de quienes han sido afectadas por un error. Es maravilloso ver personas que reaccionan con nobleza y generosidad; es muy doloroso también comprobar que hay personas que actúan con miseria, con ira y con ánimo de venganza.

Cada cual es responsable de sus errores. Los ajenos aunque sean una reacción a los propios, no nos convierten ni en sus autores ni mucho menos en responsables. Actitud muy común además, asignar responsabilidad por los errores ajenos como un mecanismo adicional de castigo y a veces de desquite. Una actitud muy conveniente cuando el ofendido es incapaz de asumir también, con su reacción, la consecuencia de sus proprios errores, en una clara demostración de incapacidad emocional.

Errar es humano y es parte del doloroso y necesario proceso de aprendizaje. Perdonar no es divino, es más humano de lo que se podría imaginar. Hay mucho más que una simple acción de perdón. Una enorme dosis de comprensión, empatía, generosidad y humildad.

Hay muchas maneras de expresar amor, perdonar posiblemente sea la más sublime, la más real y la más auténtica.


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Mayo/2021 (425 palabras)

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