Coronavirus

            Escribo con angustia y sintiéndome presa de una inmensa incertidumbre. Son reflexiones que en nada se relacionan con lo político, lo sanitario ni lo tecnológico.

           Hasta hace escasos tres meses mis angustias cotidianas podían ser de cualquier naturaleza. Los problemas y complejidades que azotan y asolan otros países y regiones los veía lejanos. Incluso me he sentido –de alguna manera– protegido frente a epidemias modernas que están presentes desde hace años en otras regiones. Me creía un ser afortunado por vivir en una zona del planeta que hasta ahora se ha mantenido al margen de tanta desgracia lejana. Mi vida, desde luego, jamás la vi expuesta, más allá de las estupideces a las que muy rara vez me he expuesto a lo largo de mi vida.

          De pronto, sin previo aviso, aparece un nuevo virus, con una velocidad de multiplicación y transmisibilidad asombrosa y con la potencia para matar personas en pocos días. Como si eso no fuera suficiente, me ubico en un segmento de la población al que este condenado virus les tiene especial preferencia. Pocos días después va quedando en evidencia que el maravilloso país en el que vivo y la paradisíaca región del mundo en el que se ubica, carece de los medios científicos y sanitarios para contenerla, más allá de rezos tan innecesarios como inoperantes, porque el virusito ha sido ateo y le importan un carajo las iras divinas. El temor arrecia cuando los agoreros del desastre, hoy con ínfulas apocalípticas anticipan los peores problemas y tragedias que se avecinan.

          Aquellas “angustias cotidianas …” hoy se han reducido a una sola: sobrevivir. Y en ese estático objetivo, veo a muchos humanos y a una parte de la humanidad desnudos de sus oros, oropeles y demás superfluas apariencias.

          Como nunca, son evidentes nuestras falencias y limitaciones frente a un minúsculo y muy poderoso enemigo que aun no sabemos cómo derrotarlo. Vemos finalmente que las luchas económicas, políticas, sociales y religiosas contra supuestos enemigos lo único que siguen produciendo es odio y muertes por doquier. Va quedando claro que la verdadera guerra contra agentes patógenos de periódica aparición y que han matado a más millones de personas que todas las guerras, a nadie le interesa luchar; la supremacía económica importa más; los humanos seguimos siendo números.

          Es evidente también, cómo un grupo reducido de hombres y mujeres en todo lado, con recursos insuficientes y poco apoyo de sus gobernantes, son capaces de arriesgar sus propias vidas en una lucha desigual para librarnos de ese mal… amén.

          Estoy “pariendo”, y mi fe, la certeza de mi sobrevivencia y mi gratitud está en ellos. Lástima que haya sido el miedo el que nos ha igualado.

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Marzo/2020 (446 palabras)

10 Responses to Coronavirus

  1. Pancho dice:

    Sea que venga de murciélago o haya sido hecho en laboratorio, lo que si es cierto es que este virus a parado a todo el mundo. Es como si estuviéramos viviendo una tercera guerra mundial, con la diferencia de que esta vez no es pueblo contra pueblo sino naturaleza contra humanidad.
    Ojalá esto pase rápido y no tenga mayores consecuencias, por lo pronto no toca más que escampar y reflexionar.

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    • Fer Tobar C. dice:

      Gracias Pancho por tu comentario.
      Mis dudas son cada vez mayores respecto del origen del virus. Creo que ni murciélagos ni pangolines están involucrados.
      Más allá de eso, alguien ha conseguido inmovilizarnos. Sí es una especie de guerra mundial, y como en toda guerra, habrá ganadores y perdedores. Cuando logremos ver a los perdedores, sabremos quienes son los ganadores. Y será tan sorprendente como lamentable.
      Y ese día no está muy lejano.
      Un abrazo.

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  2. José Atiaga dice:

    Excelente artículo, de acuerdo. No podemos tener temor a la muerte

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    • Fer Tobar C. dice:

      Gracias Pepe por tu comentario.
      El miedo a la muerte es –en alguna medida– natural. Ese miedo sustenta nuestro instinto de conservación.
      Ese instinto nos permite vivir la vida, disfrutarla, aprovecharla e intentar ser personas de bien.
      Un abrazo.

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  3. Teodoro Alvarez M. dice:

    Muy buen artículo compadre. Es una oportunidad más para ver nuestra verdadera naturaleza . Ojalá cuando regresemos a la normalidad no regresemos a la “normalidad” ; a la banalidad donde nos sumergimos, a esa inacabable ilusión de creer que pensamos por nuestra cuenta, a ese consumismo de información que, en vez de producir dudas , nos produce certezas solamente por que proyectan en nuestra pantalla mental , educada en creencias casi inamovibles , las ilusiones que queremos ver.

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    • Fer Tobar C. dice:

      Siempre es muy halagado leer tus comentarios, y te agradezco mucho por eso.
      Quiero destacar esa afirmación: “ese consumismo de información que… proyectan en nuestra pantalla mental … las ilusiones que queremos ver”
      Lamentablemente a eso se ha reducido nuestro proceso de asimilación de la abundante información que circula. La intelectualidad y la “cultura” se basan y se inspiran en ese ilusionismo.
      Soy pesimista respecto a lo que sucederá cuando la pandemia sea controlada, y mucho me temo que no habremos aprendido casi nada y nuestra banalidad se hará presente.
      Creo que la humanidad necesita más que una pandemia para tomar conciencia de su propia banalidad y dar un paso adelante.
      Un abrazo grande, Compadre querido.

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  4. Cristianne dice:

    Excelente texto Fer!!!
    Son momentos difíciles que sin duda alguna cambiarán nuestra escala de valores.
    Somos tan vulnerables y vivimos pensando que somos los dueños de esto o el otro cuando somos unos huéspedes en el planeta azul.
    Cada que oigo “salvemos el planeta”…puedo ver el ego detrás…el planeta sin nosotros sería tan feliz 🐋🧚‍♂️🦓🐆🦒🦚🦜🦖🦋🐙🌸🌿🐦🦏🐘
    Saldremos de ésta si Dios nos permite.
    Un abrazo grande
    Cris

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  5. José María Laso dice:

    Este es un rápido y sucinto comentario que hice respecto al descubrimiento de nuestra vulnerabilidad.

    Al hablar de seguridad, de gestión de riesgos, una amenaza como el COBID 19 ha desnudado la vulnerabilidad de la humanidad entera. Este es un asunto que se deberá considerar a nivel global.

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    • Fer Tobar C. dice:

      Gracias José por tu comentario.
      No solo nuestra vulnerabilidad queda desnuda en situaciones como la que estamos viviendo; también nuestra incapacidad para enfrentar situaciones extremas de salubridad pública. El hombre actual está centrado en el lucro, en los porcentajes de ganancias. El dinero es el gran objetivo. Las vidas humanas se subordinan a ese objetivo.
      Un abrazo.

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