Ser lo prohibido

          Esta reflexión está inspirada en la letra de un antiguo bolero, Soy lo Prohibido, cuya letra es del compositor mexicano Roberto Cantoral.  Es importante anotar que no me referiré a las acciones prohibidas que alguna vez hemos realizado en el curso de nuestras vidas.  Es una variante que apunta al hecho de haber sido uno mismo lo prohibido en la historia de otra persona.  Una aclaración necesaria: esta no es lectura apta para personas muy jóvenes.  Será difícil entender algunas cosas si no se ha correteado –al menos un poco– por los escabrosos y dulces terrenos del romance.

       El romance, la conquista, la seducción, el sexo y la sensualidad, son campos minados.  Ilusiones, frustraciones, alegrías, penas y angustias que no parecen tener final, miedos, momentos intensos y obscuros, son acompañantes frecuentes en el tránsito por esos campos.  Nadie sale sin heridas; las cicatrices durarán años; muchas, la vida entera.  Los dolores y las frustraciones se lavan con lágrimas; los recuerdos siempre tendrán sabor que no es agrio.

          La vida serena y sin sobresaltos es la que la sociedad requiere, para su desarrollo y crecimiento.  Casi todos los adultos jóvenes entramos en ese esquema, la misma sociedad nos impulsa, facilita y felicita.  Una vida tranquila cuyo precio es la ausencia de emociones intensas; los besos y los abrazos se dan a la luz del día; la intimidad, a veces frecuente, está desprovista de intensidad.  No existen pecados ni nombres que se deban ocultar.  Todos entramos en esa dinámica, no hay misterio en eso, y posiblemente mérito tampoco.

         Sin embargo, lo prohibido es ser ese vicio que alguien no puede desprender de su piel, esa fiebre que domina algún cuerpo, esos besos que avivan la ilusión, esas horas de placer, porque días completos son imposibles, esa entrega sin papeles y sin condiciones, ese pecado inconfesable, ese nombre impronunciable, esa aventura que jamás se admite pero que ayuda a continuar el camino, ese amor que se niega para proteger una dignidad o un prestigio

         Ser lo prohibido es una opción que la vida no concede a muchas personas.  Es esa otra cara de los opuestos en la dinámica de la vida.  No hay vida sin muerte, frío sin calor, luces sin sombras, penas sin alegrías, bondad sin maldad, lo permitido sin lo prohibido, el amor y la indiferencia son caras de la misma moneda.  Admitirlo o negarlo como una realidad no tiene importancia; sin embargo, solo es posible entender la vida y las personas cuando se han transitado por esas sendas obscuras; después de eso es posible entender y encender la luz.

       Ser lo prohibido nos acerca más a nuestra condición de humanos falibles y perfectibles, alejándonos de la arrogancia de considerarnos superiores, infalibles e impolutos.

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Agosto/2018
455 palabras

6 Responses to Ser lo prohibido

  1. ramiro burbano dice:

    Escucha “Musas, Vol. 1”, de Natalia Lafourcade, en Spotify: https://open.spotify.com/album/30isRf… una versión de soy lo prohibido. Espero no ser impertinente. Abrazos
    Deleites que la mocedad suele demandar…

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    • Fer Tobar C. dice:

      Gracias por el aporte Ramiro.
      Esos no son deleites exclusivos que la mocedad demanda.
      Toda edad es adecuada para esos deleites
      Un abrazo.

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  2. Leo Morales dice:

    Tu lo has dicho, Fernando, ser lo prohibido es una opción, solo que , te lo digo con convicción, es una opción que no la escogemos nosotros, son las circunstancias que cada uno vive, que nos convierte en prohibidos, que dices?

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    • Fer Tobar C. dice:

      Es un misterio establecer si realmente somos capaces de decidir sobre nuestras acciones. Unos creen que sí; otros creen que el destino, el azar o las circunstancias nos condicionan.
      Interesante inquietud.
      Sinceramente creo que con frecuencia las circunstancias nos condicionan, “nos empujan” a actuar o decir.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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  3. SantiagO Espinosa Bermeo dice:

    Me gustó. “Los dolores y las frustraciones se lavan con lágrimas” parece consolar…

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    • Fer Tobar C. dice:

      Gracias Santiago.
      Tus comentarios siempre tan precisos y oportunos.
      Un abrazo.

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